My approach to the flamenco. (Eng, Esp, Ita)


Naples. Palapartenope. While I prepare nervously the old audiocassette recorder that my father had given me, suddenly I hear the six open strings playing, one by one. An unusual tuning, but I already knew what he was going to play. A song I knew by heart, note by note. Paco de Lucia was sitting there, a few meters away, the smoke of the stage looked like I was having an appearance. Finally, I could hear him, see him, but above all live him. I remember that feeling like it was yesterday. That November 27, 1997, at age 14, I discovered how much I deeply loved Flamenco. This wonderful music played in a "strange" way gave me a strong attraction from the first notes, and a crazy desire to know why.

 
Who calls or considers me a flamenco guitarist,  is really wrong. Personally I never said that, because I am not and I will never be it, because I decided not to become one. Over the years I realized that what it really exploded inside of me was that curiosity, mixed with a genuine envy, to know why the flamencos simply sit and play without too many problems or thoughts. I'm used to seeing any classical musician immersed in apparent state of meditation, or make strange gestures and superstitious rituals before each concert ... I tried but it didn't work with me, or it was not enough: every concert I had a terrible tension and went on stage again with shaking hands. "I can't play like this!" I said.
 
I started studying flamenco because I was fascinated to know what feeling would give me the order to be able to play that music. Then I realized that the apparent tranquility all flamencos and jazz musicians have was due to the fact that the notes they play are not "enclosed" in a music sheet. Paradoxically, they are allowed to play the wrong notes because the right ones are not written. What terrifies every classical musician is missing a note, a wrong step, have memory lapses, especially when "at home everything sounded great!". Some become white as a corpse. Give a classical music sheet to a flamenco or jazz player and he will feel the weight of each note written there. The so-called classical music "suffers" of what I consider to be an handicap: it's all written, it is always the same and there is no way out.
 
All this was painful for me! I did not want to suffer for the rest of my life. And the real reason I studied flamenco is because I wanted to get through this step and be able to have the same approach that flamenco and jazz musicians have: to play as if it were not written and to feel free and relaxed. And it's working for me. I had to prove myself for years, going to play on big stages without going through the three hours before the concert closed in the green-room practicing scales and arpeggios, a kind of fundamental warming-up almost all classical musicians do. Today I like staying on the stage until they open the doors to the public, getting my guitar used to the temperature of the hall, taking confidence with the acoustics, the smells and the energy around me.
 
Between 1997 and his death,which happened on February 2014, I had the pleasure of listening to Paco de Lucia in concert perhaps almost 20 times. The last few times I was able to meet him in the green-room, he often wondered "Are you a classical guitarist?" and I said "Yes, Maestro." "How was the sound? I had a lot of mistakes because I couldn't hear myself very well". Today I would answer: "Don't worry, Maestro, because how you have played right the wrong notes, nobody is able to do". This is the secret. In my opinion.



(ESP)

Nápoles. Palapartenope. Mientras preparo todo nervioso la vieja grabadora audio que mi padre me había dado, de repente escucho el sonido de las seis cuerdas al aire. una tras la otra. Una afinación extraña, pero yo ya sabía lo que iba a tocar. Me la sabía de memoria, nota por nota. Paco de Lucía estaba sentado allí, a pocos metros de distancia, el humo del palco hacia que parecía que estaba teniendo una apariencia. Finalmente, puede escucharlo, oírlo, verlo, pero, sobre todo, vivirlo. Recuerdo esa sensación como si fuera ayer. Aquel 27 de noviembre de 1997, a los 14 años, descubrí cuanto amaba profundamente el Flamenco. Esta maravillosa música sonaba "rara", una fuerte atracción desde las primeras notas, y un fuerte deseo de saber el porqué.

 
Quién me llama o considera guitarrista flamenco sabe que está equivocado. Personalmente yo jamas dije que lo soy, porqué no lo soy y nunca lo seré, porque he decidido no serlo. Con los años me he dado cuenta de que lo que realmente explotó adentro de mi era la curiosidad, mezclada con una genuina envidia, de saber por qué los flamencos simplemente se sientan y tocan sin aparentemente ningún problema. Estoy acostumbrado a ver a cualquier músico clásico inmerso en aparente estado de meditación, o hacer gestos extraños y rituales supersticiosos antes de cada concierto ... Yo lo intenté, pero no funcionó conmigo, no conseguía mejorar: cada concierto era una tensión que me quitaba el respiro y subía al escenario siempre con las manos temblorosas. "Así no se puede tocar", me decía.
 
Empecé a estudiar flamenco porque me fascinaba saber qué sensación me daría ser capaz de tocar esa música. Entonces me di cuenta de que el aparente tranquilidad que muestran los músicos de jazz y los flamencos era debida al hecho de que las notas que tocan no están encerradas en una partitura. Paradójicamente, se les permite tocar las notas equivocadas porque las correctas no están escritas. Lo que aterroriza cada músico clásico es faltar unas notas, equivocarse, tener fallos de memoria, sobre todo cuando "en la casa sonaba muy bien!". Algunos se vuelven blancos como un cadáver. Dé una partitura de música clásica a un músico de jazz o un flamenco y sentirá el peso de cada nota escrita. La música clásica, o mejor definida culta, sufre de lo que yo considero una desventaja: todo está escrito, es siempre igual y de allí no se escapa.
 
Todo esto era doloroso para mí y yo no hubiera querido sufrir por el resto de mi vida. Y la verdadera razón por la que estudié el flamenco es porque quería conseguir a través de este paso superar este terror y ser capaz de tener el mismo enfoque que los flamencos y músicos de jazz: tocar como si nada estuviera escrito y sentirme libre y relajado. Y lo estoy consiguiendo. Tuve que probarme a mí mismo durante años, iba a tocar en grandes escenarios, sin pasarme las tres horas antes del concierto haciendo escalas y arpegios, una especie de calentamiento fundamental para casi todos los músicos clásicos. Hoy me gusta quedarme en el escenario hasta que abran las puertas al publico, acostumbrar mi guitarra a la temperatura de la sala, tomo confianza con la acústica del medio ambiente, los olores y la energía a mi alrededor y nunca practico lo que voy a tocar en el concierto.
 
Entre 1997 y su prematura muerte en febrero de 2014, tuve el placer de escuchar a Paco de Lucía en concierto quizás casi veinte veces. Las últimas veces que pude encontrarme con él en el camerino, a menudo me preguntaba "Tu eres clásico, verdad?" y yo: "Sí, Maestro." "Que tal el sonido? Me equivoqué mucho porqué no me escuchaba bien". Hoy le diría: "Tranquilo, Maestro, porque como ha tocado bien usted las notas equivocadas, no lo hace nadie en el mundo!". Yo creo que allí es donde está el secreto. En mi opinión.
 

 
(ITA)

Napoli. Palapartenope. Mentre mi appresto ad inserire nervosamente l'audiocassetta nel vecchio registratore che mio padre mi aveva dato, improvvisamente sento le sei corde suonare a vuoto, una dopo l'altra. Una strana accordatura, ma già sapevo cosa avrebbe eseguito. Un brano che sapevo a memoria, nota per nota. Paco de Lucia era seduto lì, a pochi metri di distanza, tra il fumo del palco sembrava che stessi avendo un'apparizione. Finalmente potevo sentirlo, vederlo, ma soprattutto viverlo. Ricordo quell'emozione come fosse ieri. Quel 27 Novembre del 1997, a 14 anni, scoprii quanto amassi profondamente il Flamenco. Questa meravigliosa musica suonava in maniera "strana", una forte attrazione sin dalle prime note e una voglia matta di sapere perché.
 
Chi mi chiama o considera chitarrista flamenco si sbaglia di grosso. Personalmente non l'ho mai detto perché non lo sono e non lo sarò mai, perché ho deciso di non diventarlo. Con gli anni ho capito che ciò che veramente mi esplodeva dentro era quella curiosità, mista ad una genuina invidia, di sapere perché i flamenchisti semplicemente si siedono e suonano, senza troppi problemi né pensieri. Apparentemente. Sono abituato a vedere qualsiasi musicista classico immerso in apparente stato di meditazione, oppure fare strani gesti e riti scaramantici prima di ogni concerto...Per quanto io ci provassi, con me non funzionava, non mi riusciva di migliorare: ogni concerto era una tensione da levare il fiato e salivo sul palco sempre con le mani tremanti. "Così non si può suonare", mi dicevo. 
 
Ho iniziato a studiare il flamenco perché mi affascinava sapere quale sensazione desse il poter riuscire a suonare quella musica. Poi ho capito che l' apparente tranquillità che mostrano i flamenchisti e i jazzisti era dovuta al fatto che le note che suonavano non sono racchiuse in una partitura. Paradossalmente a loro è permesso suonare le note sbagliate perché quelle giuste non sono scritte. Ciò che terrorizza ogni musicista classico è mancare una nota, sbagliare un passaggio, avere vuoti di memoria, soprattutto quando "a casa andava tutto bene". Alcuni diventano bianchi come un cadavere. Date una qualsiasi partitura classica a un flamenchista o a un jazzista e sentirà il peso di ogni nota scritta. La musica cosidetta classica, o meglio definita colta, soffre di ciò che io considero un handicap: è tutto scritto, è sempre uguale e non si scappa.
 
Tutto questo era una sofferenza per me! Io non avrei voluto soffrire per il resto della mia vita. E la vera ragione per cui ho studiato il flamenco è perché volevo superare questo scalino e riuscire ad avere lo stesso approccio che hanno i flamenchisti e i jazzisti: suonare come se non fosse scritto e sentirmi libero e rilassato. E ci sto riuscendo! Ho dovuto mettermi alla prova durante anni, andando a suonare su importanti palchi senza passare le tre ore prima del concerto chiuso nel camerino a fare scale ed arpeggi, una sorta di riscaldamento fondamentale per quasi tutti i musicisti classici. Oggi mi piace restare sul palco fino a quando aprono al pubblico le porte della sala, abituare la chitarra alla temperatura della sala, prendo confidenza con l'acustica dell'ambiente, gli odori e l'energia che mi stanno intorno. 
 
Fra il 1997 e la sua prematura morte avvenuta nel febbraio del 2014, ho avuto il piacere di ascoltare Paco de Lucia in concerto forse quasi 20 volte. Le ultime volte che ho potuto incontrarlo in camerino, spesso mi domandava "Tu eres clasico, verdad?" ("Tu sei classico, vero?") e io "Si, Maestro". "Que tal el sonido? Me equivoqué mucho porqué no me escuchaba bien" ("Come era il suono? Ho fatto parecchi errori perché non riuscivo a sentirmi bene"). Oggi gli risponderei: "Tranquillo, Maestro, perché come Lei ha suonato bene le note sbagliate, non le suona bene nessuno!". E' questo il segreto, secondo me.

 
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